Me despierto en un lugar desconocido pero a la vez me resulta familiar, miro a todos lados. Voy a levantarme, pero… un momento, ¡tengo las manos azules! Tras mi asombro, me levanto y veo que soy mucho más alta que antes. Empiezo a mirarme y me doy cuenta de que llevo una ropa muy rara y en el pelo… en el pelo llevo una trenza muy larga ¡SOY UN NA’VI! No, esto no puede estar pasando, ¿qué narices llevaría ayer la cena? entonces oigo ruidos, se acerca alguien y para que no me vean, me escondo detrás de una planta enorme. Ellos pasan de largo, pero… no sé… oigo como otra respiración, miro a todos lados y no veo a nadie. Un momento… esto no es una especie de conífera o algo así como pensaba, sino que se trata de un animal parecido a un rinoceronte, de unos dos metros de ancho y con un largo cuerno que le atraviesa toda la cabeza. Sin pensarlo, empiezo a correr tratando de huir de ese selvático animal. Me gustaría pedir ayuda, pero no conozco este mundo, no conozco su idioma y estoy perdida, me siento como si fuera incapaz de hablar, pues al fin y al cabo hablar consiste en comunicarse. Cada vez se acerca más, mis piernas largas y azules no pueden con semejante velocidad. Como si saliera de la nada, un ser extraño aparece de repente entre un conjunto de plantas parecidas a las anémonas marinas de nuestro planeta y tranquiliza a la bestia. Tras esto, se acerca y me dice algo muy raro… Tal vez me esté hablando en avatariano, o tal vez en inglés… ¿por qué no haría caso a Elvira cuando me decía que el inglés era “universal”?. Le hago unas señas para decirle que no puedo hablar, entonces se queda mirándome y empieza a reírse de mi. Tras esto, el ser extraño me dice por medio de señas que le siga. Llegamos al sitio donde están todos los na’vi, la verdad me siento un poco incomoda. No para de mirarnos todo el mundo y tras atravesar la enorme masa de seres misteriosos llegamos a un lugar donde nos espera un na’vi, supongo que será el jefe. Mi acompañante me dice que me esté ahí quieta y sin hacer nada. La gente empieza a mirarme y yo sonrío. Empiezan a acercarse a mi y me pongo un poco nerviosa, tropiezo y voy a parar a algo parecido al estiércol… pero de color lila y poco menos oloroso. Después del numerito que he hecho la gente no para de reírse, normal… yo también lo haría, al oír las risas se acerca mi salvador, el que me trajo aquí. Al verme se ríe, me da la mano para que me levante y me pide que le acompañe. Llegamos a un sitio precioso, supongo que será para lavarme. Tras asearme me deja ropa nueva y volvemos al sitio de antes. La gente no para de reírse de mí, pero entonces subimos a un sitio junto con el jefe y empiezan a hablar. Claro, no entiendo que dicen pero algo sorprendente porque todos parecen sorprendidos. Me miran y el chico de antes me explica por medio de señas lo que ocurre: se supone que soy la heredera de esto. Tras oír esto un flash-back de mi vida en la tierra cruza por mi mente, ¿Podré regresar? Me empieza a faltar el aire… empiezo a explicarles que debe de ser un error, un malentendido. Me señalan una piedra en la que aparece grabado mi retrato, tanto el terrestre como el actual. Sin embargo, yo sigo sin comprender nada y pienso que todo esto es una trampa. No sé su lenguaje, no los puedo comprender y no me comprenden, solo mediante señas que a veces son casi incomprensibles. Empiezo a sudar, a ponerme nerviosa, todos los Na’vis se acercan hacia mi, ¿Qué quieren?... De repente mi amigo me sonríe hipócritamente y uno de ellos saca un artilugio punzante que podría matar a la bestia más feroz. […]
[…] Entraba sol por mi ventana y abrí los ojos. Estaba en casa, mis manos eran terrestres, todo había sido un sueño. Articulé mis labios y pude llamar a mi madre, por fin podía comunicarme, por fin podía hablar.