martes, 19 de octubre de 2010

Memorias de un viaje al centro de la célula

Hola me llamo Fabiola, y soy la encargada de llevar a cabo la misión de reparar el gen que se ha estropeado en un glóbulo blanco.
Me dirijo a la nave para ser encogida y metida por vía intravenosa del dicho cuerpo. En mi nave llevo todo tipo de cosas, hasta un aparato que me  avisará cuando vea a dicha célula enferma. Ya están todos los aparatos en marcha, sólo falta apretar un botón (seré encogida a 100 µm ) y terminar de comprobar unas cosas. Me han dado la señal, todo está listo. De repente, lo voy viendo todo cada vez más grande, es una sensación increíble. Ahora, lo que hacen es que  junto con un líquido me meten en una jeringuilla y lo único que veo es como salgo expulsada a las venas. Ya estoy dentro, ahora lo que debo hacer es recorrerme las arterias y cuando lo vea dejaré que me coma. Debo llevar mucho cuidado puesto que todos los glóbulos blancos querrán comerme y si lo hacen no podré curar el gen. ¡Esto es precioso por dentro!, y eso que las imágenes que nos enseñan son parecidas y ya nos impactan… pues esto es aún mejor. Ahora voy a dejar un momentito el piloto automático porque voy a coger una bebida del minibar que estoy muy sedienta, además solo será un momento. Cuando me dispongo a cerrar ya la nevera empieza a sonar una alarma… por lo visto, se nos esta acercando demasiado un glóbulo blanco, voy corriendo al asiento y veo que cada vez se acerca más rápido. Entonces empiezo a acelerar yo también, pero de repente se me cala la nave… ¡No sé qué hacer! ¡No se pone en marcha! ¡Me va a dar algo! Entonces, a unos instantes de ser engullida por el glóbulo blanco la nave arranca y salgo disparada. Ufff... ha faltado muy poco, otro fallo de estos y no lo cuento. Sigo mi ruta por los conductos… y ya desesperada y a punto de tirar la toalla la encuentro: está pegada a una pared de las arterias. Voy a meterme dentro, atravieso la membrana celular y llego a las proteínas que me dirán si puedo o no entrar. Me han dejado, ¡qué alivio! ha habido un momento que creía que no me dejarían, bueno oficialmente ya se puede decir que estoy centro de la célula, lo que me ha costado.
Es increíble, parece mentira es todo muy parecido a las imágenes, en este momento estoy viendo las mitocondrias, y las proteínas transportando y ayudando, ¡Anda! mira los ribosomas fabricando lo que las proteínas le han dicho… es como mágico, y el citoesqueleto formándose y desformándose en cuestión de segundos. Pero claro, a parte de estar disfrutando por el maravilloso paisaje, debo llevar cuidado porque en cualquier momento viene un lisosoma me come, y claro no estoy por la labor de que me pase algo parecido al pequeño percance del glóbulo blanco. Para estar más  segura voy a meterme por el retículo endoplasmático y por sus canales llegaré al núcleo. El retículo endoplasmático es enorme y con lo torpe que soy… ¿a que no sabéis qué me ha pasado? ¡Que me he perdido! Si, yo… que raro ¿no? pues aunque sé que no os lo creéis me he perdido, es que si os digo un secretillo, yo y la orientación no congeniamos mucho. Bueno, voy a ver si el GPS funciona aquí. No, no funciona. Bueno, yo me meto por todos los canales y ya llegare. Entonces por fin me adentro en un canal que parece que se dirige al núcleo, es fantástico y parece como la mitad de una gominola. Paso el envoltorio nuclear y llego a la segunda capa (la cromatina) y por fin a la capa final en la que debo de reparar el gen.  Ya he llegado y veo de lejos al gen que está malo, me voy acercando con cuidado para no dañar los demás, ya estoy junto a él. Voy a colocarme mi traje especial para salir y arreglarlo, estoy nerviosa, no se entra al nucleolo de una célula para arreglar un gen todos los días. Voy a salir por una cápsula y una vez que haya salido me pondré a averiguar lo que le ocurre .Ya estoy fuera y le estoy haciendo unas pruebas. Tras un largo tiempo de investigación he descubierto lo que le ocurría: sólo tenía leucemia mieloide crónica, que se produce por una translocación entre el cromosoma 9 y el 22 dando lugar a un gen mutante llamado bcr-abl que codifica una proteína que estimula la replicación celular. Así pues, con la tecnología que dispongo procedo a la identificación y reparación del cromosoma dañado, y realizo un corte entre ambos cromosomas. Bueno, parece que todo vuelve a su normalidad, me vuelvo a meter en la cápsula y ya estoy en la nave otra vez. ¡Vaya! ha sido una sensación genial. Pongo de nuevo la nave en funcionamiento y esta vez sin perderme salgo del retículo endoplasmático. Me dispongo a salir de la célula pero antes me hecho una foto para recordar el inolvidable viaje.
Cuando ya he salido y cuando ya sé que estoy en la posición correcta para volver a ser sacada por vía intravenosa (así además podemos analizar la sangre y ver si todo ha vuelto a la normalidad), doy la señal y otra vez veo como algo me absorbe, me dejan en el sito de antes y le dan al botón para devolverme a mi tamaño normal. ¡Ay, ya vuelvo a ver las cosas mas pequeñas que yo! Cuento mi experiencia y para mi sorpresa todo ha sido grabado y podré tenerlo de recuerdo. Por la labor de reparar una célula me darán un premio Nobel de medicina y aquí estoy con mi jefe Pedro Pablo en el laboratorio investigando más cosas sobre la célula.   
Realizado por F. Cano

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